Los espacios de la Biblioteca Nacional siguen siendo el punto de encuentro para el ciclo de eventos que celebran el aniversario del Centro Nacional del Libro. En esta ocasión, en una mesa redonda llamada ¿Para quién escribo?, el público y los escritores Luis Laya, Hugo Colmenares, José Javier Sánchez y Rodolfo Porras conversaron sobre este lugar común que no todos lo autores se plantean.

¿A quién le escribo?, ¿a quién le voy a contar mis cosas? Se pregunta Hugo Colmenares en una mesa que se volvió tertulia. “Esta pregunta me obliga a revisar muchas cosas, y entiendo que hay quienes escriben para sus lectores, buscan lectores, hay otros que quieren entrar al mercado, a un nicho, a un target, hay quienes escriben para la agencia literaria, hay quienes tratan de hacer una obra ajustada a tal perfil, van navegando en su escritura”. Con su libro La Afinación del Gato viejo, expresa la oportunidad que tiene de encontrarse con niños y maestros que han leído su obra, “entonces yo no sabía que escribía para esos grupos sociales”. Dejé de buscar y pensar que podía encontrar lectores, como un escritor que se consagra a su página, a sus verbos y sujetos, a los recuerdos y también a los agradecimientos.

Rodolfo Porras experimenta un análisis que lo lleva a pensar que “cuando uno escribe uno no decide el porqué, algo nos obliga a escribir, a dilucidar”. Opina que es una pregunta que los escritores llevan dentro, “la preguntas siempre dan vida, abren caminos, proponen movimiento. En la escritura nunca hay un solo destinatario, por ejemplo las Cartas de San Martín y Bolívar, el primero tenía mucha conciencia del rol histórico que sus escritos cumplirían a posteridad, tenían un destinatario a futuro, mientras que las de Bolívar, iban destinadas a personas en su momento, pareciera que no tenía la intención de que fueran valoradas en otros tiempos”. La intencionalidad viene a jugar un papel importante, sin dejar a un lado que se van formando y ampliando círculos que se van vinculando a un estamento de lectores.

En ese contexto, el tallerista poético José Javier Sánchez opina que la literatura no se concibe como una ciencia, sino que es arte, y que es gracias a los contextos que la literatura sigue vigente, aumentando en cada lector y en el propio escritor la capacidad de asombro.

En medio de esta tertulia, Luis Laya, quien fuera ganador del concurso de literatura infantil Joropo: Alma y movimiento de Venezuela, organizado por el Cenal en el año 2014, nos obsequia una lectura que intenta responder la inicial interrogante:

Para nosotros mismos, en primer lugar. Somos el primer objetivo de la comunicación experimental y poco garantizada que se propone con la escritura. Necesitamos almacenar nuestra -propia, dinámica, a medio cocinar- interpretación del mundo, ese afán de explicar, bajo una visión estética particular, llena de referencias o vacía de ellas.

La maravilla, lo peliagudo, lo terrible, que atesoramos de la experiencia, de lo vivido, de lo leído, de lo temido, de lo preguntado. Entonces, sobre esa estela de absurdo, escribimos, para que no se nos olvide que vamos caminando. Es un por dónde, más que un para quién”:

T/CENAL