Prensa MPPC (17/04/2015).- El profesor José Escoda, miembro de la editorial Pensamiento Crítico, de Puerto Rico, comentó sus apreciaciones respecto a la promoción de la lectura y el libro en Venezuela, además de la importancia del objeto libro en una era digital.

Escoda formó parte de la delegación que asistió en representación de Puerto Rico, invitado especial en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) 2015, celebrada en Caracas, entre el 12 y el 22 de marzo.

¿Existe en Puerto Rico una cultura del libro y la lectura?

En Puerto Rico hay una cultura de lectura, pero no del libro, sino de revistas faranduleras, de periódicos. El libro en Puerto Rico es un objeto de lujo. Yo que soy un profesional, que estoy en una escala salarial bastante privilegiada, para comprar un libro en Puerto Rico tengo que pensarlo dos veces. Entrar a una librería descuadra el presupuesto mensual, en mi caso, para un trabajador no es accesible el libro. No hay una cultura del libro y no hay una disponibilidad, una oferta, de libros interesantes. Aquí en Venezuela, por el contrario, hay libros de todo tipo, hasta libros de cocina y ciencias, a precios razonables.

Pero también esa “cultura” de la farándula y la prensa rosa tiene una intencionalidad en la alienación del sujeto acerca su realidad, ¿no?

Convertir el libro en un objeto de consumo y de entretenimiento, no. El libro debe ser una invitación a pensar, aunque sea una caricatura de Mafalda, un cómic, una telenovela de amor, debe ser una invitación a pensar, a sentir, a cambiar; no entretenimiento.
La fórmula norteamericana del best seller es una fórmula de un libro que una vez que tú lo leíste, lo puedes botar y no pierdes nada. Ayer oí una imagen chulísima de que el best seller es como un chicle, una vez que lo mascaste, lo botas. El libro no debe ser eso, el libro debe ser algo que tú lo leíste una vez, y tal vez dentro de dos años te vuelve a invitar a leerlo. El buen libro, incluso, es para leerlo varias veces en la vida, o por lo menos que te invite a compartirlo con alguien.

¿Qué impresión le genera un evento como la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2015?

Tener una cultura popular del libro es importantísimo, porque no es el punto educar a las masas, sino que las masas se eduquen. Que las personas por más pobres que sean, por más trabajadoras, tengan un cultura que sepa que eso les pertenece.

Otra cosa, poder estar aquí en el Teatro Teresa Carreño, que es un edificio impresionante, y saber que ahora pueden entrar personas de todas las clases sociales aquí. Me he encontrado con tres personas con las que he hablado, mayores, que no podían entrar aquí, que era un lujo y que nunca se les hubiese ocurrido venir al Teatro.

Gracias a la política revolucionaria de que la cultura es para todas las personas, porque he visto de todas las clases sociales aquí, y otra cosa muy curiosa es que he visto militares, militares leyendo de todo, policías también. Eso es un cambio en la cultura importante, y eso no se da de gratis, es un proceso revolucionario gracias a Chávez que Venezuela ha podido continuar.


Yo he venido a varias Ferias, la de 2013 que era igual de grande, pero en un parque, había familias y jóvenes compartiendo. Es decir, que no fue un espectáculo montado para las personas de afuera, sé que en Venezuela existe esa cultura, y eso es gracias a la Revolución.

Ya que has tenido la oportunidad de venir a la Feria Internacional del Libro de Venezuela en otras oportunidades, ¿piensas que la Filven también parte de esa cultura lectora de que no es sólo comprar el libro, sino asistir a charlas, conferencias, tomar un café y encontrarse con amigos?

Bueno, te voy a contar una anécdota de las escritoras contemporáneas puertorriqueñas, una de mis favoritas, se llama Marta Aponte. Yo en Puerto Rico nunca había podido coincidir con ella y fue aquí en Venezuela que yo pude coincidir con ella, hasta eso. Porque no es lo mismo que tú leas un libro y sepas que tiene un autor, pero que tú puedas hablar con el autor o la autora, hasta esa oportunidad se ha dado.


La oferta de charlas, discusiones, es enorme. Incluso, lo puedo decir sin ningún tipo de exageración, pudieran dar créditos universitarios por asistir a la Filven y participar en las charlas. Deberían considerarlo eventualmente, hacer ese acuerdo con una universidad, de que las personas que participan en las charlas de Filven apunten y después le dan créditos universitarios.

¿Por qué un trabajador no puede empezar a tomar créditos aquí?

Nosotros tuvimos una experiencia con niños y niñas en una actividad en la que nosotros trajimos el material, y pusimos a los nenes a pintar un dibujo con la Bandera de Puerto Rico y Venezuela con una carita de Chávez. Yo calculé que tenía material suficiente para toda la semana, pero no, se me fue todo en el día sábado, porque cuanto nene vio, quiso participar. Fue increíble, son unas ganas de estar, de participar, de ver libros, como decía un nene cuando estaba pintado: “Es que cuando mi mamá ve libros se vuelve loca”. Y por lo que vi era una persona trabajadora, que si no fuese porque hay una política cultural de poder accesible el libro, no sería muy viable.

En Puerto Rico han existido algunas ferias del libro, pero empezaron a decaer, por qué, porque hay falta de auspicio del Gobierno. El costo de esto es barato, como inversión, es ínfimo. Por eso es que yo insisto con mis compañeros que el problema que tiene Estados Unidos con Venezuela es que es un mal ejemplo, porque es una revolución socialista que está fomentando la igualdad para que la clase trabajadora adquiera el poder, en el sentido del acceso a la cultura, a la educación, que es el verdadero poder; además de todo eso, promueven la paz.

T/Centro Nacional del Libro