En el año 1968 llegó a Venezuela un español llamado  Benito Milla Navarro, venía de Uruguay y de otras partes del mundo, con una trayectoria de los de la vieja escuela, de editor y anarquista.

A su llegada a Caracas, fundó bajo la administración del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, “Monte Ávila Editores” la editorial que hoy conmemora medio siglo de difundir la palabra escrita, producida en este país y valorada en el mundo.

Es la editorial que abrió sus puertas a Abrapalabra, la novela de Luis Britto García que fue Premio Casa de Las Américas 1979 y que ha pasado por los ojos de varias generaciones.

Los Días de Enero de Eleazar Díaz Rangel a los que esta editorial le prestó su prestigioso sello, ha de retumbar en las mentes y corazones de todo aquel comunista que vio su país hundido en una dictadura.

En cada hogar de los venezolanos habita un libro de Monte Ávila

Durante estos cincuenta años Monte Ávila Editores ha estado vinculado con la sociedad venezolana, en su quehacer académico, en el adolescente de bachillerato que debe leer Ana Isabel una niña decente de Antonia Palacios o El Mago de la cara de vidrio de Eduardo Liendo.

Los pasillos de la Universidad Central de Venezuela todavía están impregnados de las primeras ediciones del Antimanual de Ludovico Silva.

Monte Ávila Editores cuenta con un catálogo de más de dos mil títulos, que atesora la huella de más de un premio Nobel como La pérdida de El Dorado” (1969) de V. S. Naipaul premio Nobel de Literatura en 2001 o la publicación, en 1980, de la traducción de Jorge Musto de La calle de las bodegas oscuras de Patrick Modiano.

El Centro Nacional del Libro agradece a Monte Ávila Editores por la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, distribuida de manera gratuita y masiva en tiempos de Revolución; por la primorosa Waraira Repano, colección que divulga y valora la cultura de los pueblos indígenas de Venezuela; por Milenio Libre, tributo a lo mejor del pensamiento crítico mundial y, finalmente,  por cincuenta años consolidada como  editorial insignia de Venezuela, demostrando que sí es posible realizar ediciones públicas estableciendo una relación respetuosa y de calidad entre el autor y el lector.

Texto: Prensa CENAL