| El libro no es una simple mercancía. Es ante todo un bien cultural y un medio de comunicación. Pero en las sociedades neoliberales, el libro está vinculado exclusivamente al mercado de las artes, un sistema que opera a través de mecanismos de legitimación excluyentes y con una marcada tendencia rentista. En consecuencia, los libros bajo ese contexto social, no cubren las necesidades de formación e información que los pueblos requieren para su desarrollo espiritual y cognitivo.
Escribir y leer son esencialmente prácticas socialistas. Si bien es cierto que forman parte de un acto íntimo en el que se despiertan valores y códigos desde una perspectiva muy personal, también contribuyen a crear una red de textos y lecturas donde se reflejan valores que responden a una realidad compartida. Desde este punto de vista, ambos actos son colectivos, y deben servir para que hombres y mujeres cultiven el sentido de asociación con los otros, e incrementen las probabilidades de satisfacer los requerimientos básicos particulares, familiares y comunitarios.
De allí la necesidad de abolir la hegemonía del mercado y la subordinación al mismo, hasta el punto de determinar las temáticas, los campos del saber, los valores simbólicos, la información y el conocimiento que debe circular en las sociedades a través de los libros. Bajo una concepción que confiere carácter socialista a los actos creativos de escribir y de leer, la oferta editorial y los contenidos que subyacen en ellos deben ser accesibles para el pueblo y satisfacer su demanda de conocimiento.
En Venezuela, país donde el pueblo construye cada día su revolución bolivariana y socialista, ser consecuentes con este compromiso es algo que se expresa en todas las instancias. Es así como hoy realizamos un encuentro fraternal con los pueblos del mundo.
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