WILFREDO MACHADO
(Barquisimeto, 1956)
Narrador y compilador. Licenciado en Letras, Literatura Hispanoamericana y Venezolana, por la Universidad de Los Andes. Ha sido Director de Producción de Monte Ávila Editores Latinoamericana. Actualmente es agregado cultural de la Embajada de Venezuela en Brasilia.
Obra: Contracuerpo (1988), El libro dorado (1990), Fábula y muerte del ángel (1991), Libro de animales (1994 y 2003), Manuscrito (1994), Cuaderno (2000).
Antologías: Nuevos narradores en Mérida (1981), La flor imaginaria (1989), Memoria y cuento. 30 años de narrativa venezolana 1960-1990 (1992), Narradores de El Nacional (1992), Fabricantes de sonrisas. Antología de humoristas venezolanos (2002), y Por favor, sea breve. Antología de cuentos hiperbreves (2002), Poética del humo (2004).
Premios: Primer Premio, XLI Concurso de Cuentos de El Nacional, 1986; XLII Concurso de Cuentos de El Nacional, Mención de Honor, 1989; Segundo Premio del Concurso Literario de Narrativa Breve, Instituto de Cooperación Iberoamericano (ICI), Embajada de España, 1992; Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal, Cuento, 1995; Primer Premio Fundación para la Cultura Urbana , 2003, y beca “Julio Garmendia”, Centro Nacional del Libro, 2003.
“La primera flecha había cruzado limpiamente el aire para ir a clavarse en el centro mismo de una jugosa manzana que su hijo sostenía sobre la cabeza, emulando la antigua puntería de Guillermo Tell. Todos aplaudieron la hazaña. Pero no contento con ese triunfo intentó una suerte aún más difícil: arrojar la flecha de espaldas tan sólo guiado por el reflejo de un espejo. Esta vez, todos hicieron silencio. La flecha cruzó el aire de nuevo con un chasquido para ir a clavarse en el ojo de uno de sus hombres, quien gritó retorciéndose de dolor. Pero Robin no lo entendió como un fracaso. Al fin y al cabo había acertado a un objeto más pequeño que una manzana. Luego se acercó a consolar al hombre que había ingresado a su grupo hacía poco tiempo. Tenía la cara ensangrentada. Le dio algunas monedas de oro y le dijo, no sin cierta sorna:
— No os preocupéis, joven amigo, que para lo que hay que ver en el bosque de Sherwood con un solo ojo basta”.
Fragmento de “ Robin Hood”, en Poética del humo.
|